Realeza

El retiro del príncipe irreverente

Autor: Mónica Urbina

El Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, deja atrás sus compromisos públicos para disfrutar a plenitud de su vida privada.

Muchos respiran aliviados pero otros dicen con nostagia que lo extrañarán: el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo dejará de ser noticia frecuente con sus comentarios mordaces, para algunos políticamente incorrectos, para otros muy divertidos. Y es que recientemente, tras lograr que el mundo entero se trasnochara por la convocatoria que hizo la reina Isabel II, de madrugada, a todo su personal de apoyo, el Palacio de Buckingham aclaró en un comunicado que no había que alarmarse, que todo el alboroto respondía al retiro social del Príncipe Consorte. La reina y el Estado británico aprovecharon para agradecer su entrega incondicional durante todos sus años de servicio.

Próximo a cumplir 96 años, quien debió renunciar a su título de Príncipe de Grecia y Dinamarca para casarse con su amada Isabel, tomó concienzudamente la decisión de alejarse de la vida pública para llevar una más acorde a su edad.  

Con el apoyo de la reina atenderá todas las obligaciones adquiridas hasta el otoño de este año, a partir de entonces no aceptará más invitaciones y sólo hará algunas apariciones públicas de acuerdo a sus propias preferencias.  El príncipe continuará siendo miembro de las 785 organizaciones de las que forma parte, pero ahora sin presencia activa.

La decisión que fue bien recibida por miembros del gobierno del Reino Unido y de sus ciudadanos pone fin a la carrera oficial del duque de Edimburgo, quien a lo largo de su vida atendió casi 22 mil eventos en solitario y pronunció más de 5000 discursos propios. Sólo el año pasado el príncipe Felipe estuvo 110 días cumpliendo con actos oficiales.

Así el quinto miembro con más compromisos públicos de la realeza británica, muy amado por sus súbditos, el que menos se ciñe a los protocolos -aunque siempre cumple a regañadientes con caminar dos pasos detrás de su esposa-, se dedicará a disfrutar de su vida familiar y a gastarle bromas a los empleados de Buckhingham. Ahora sí podrá hacer gala de su humor negro sin crearle polémicas a la corona.

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