Personalidades

Rosalind Baitel: “Cuando me diagnosticaron cáncer me pregunté, ¿por qué no?”

Autor: Annette Hinestroza

Dinámica, alegre y naturalmente amable, “Roz” nos reveló el futuro de la moda solidaria en Panamá y nos compartió las lecciones que la vida le regaló como sobreviviente de cáncer

Fotografía por: José María Gutiérrez

Promises es una pequeña tienda de consignación, ubicada en el corregimiento de San Francisco. Un santuario –según los fashion insiders panameños– en donde se encuentran prendas vintage y de diseñador, por una décima parte de su costo. Pero lo que hace especial a esta boutique es que es, además, el mayor epicentro solidario de la capital panameña. Cada prenda disponible en este local ha sido donada y el dinero recaudado con su venta es destinado a una de las 50 organizaciones con las que Promises ha formado lazos. Cuando la tienda abrió sus puertas, en 1999, Rosalind Baitel vio cumplido su sueño de fusionar dos de sus pasiones: la moda y el voluntariado social.
“¿Qué crees que hacen estas señoras con toda esa ropa cuando no la necesitan?” –interrogó a su esposo en una reunión social del Club Rotario de Cristóbal. “No sé, pero no creo que esté bien preguntarles”, respondió él. “Roz” se atrevió a hacerles la pregunta y al poco tiempo estaba “limpiando” armarios en busca de piezas de alta calidad, vendiéndolas y recaudando fondos para entidades benéficas.
“Comencé trabajando con cinco instituciones y presentándoles a todos la idea de que me dejaran sus prendas y yo las convertiría en efectivo ¿Qué necesita toda obra benéfica? Dinero. Y así empezamos”, resume Rosalind.

¿Te consideras pionera de un nuevo movimiento? 
Hace algunos años existió una tienda similar, Inter American Women Store, manejada por norteamericanas casadas con panameños. La tienda cerró en 2000, pero ellas me asesoraron, especialmente Bárbara de Vallarino. Seguí un plan similar al de ellas, pero usando mayor tecnología. Ahora puedo poner códigos a cada pieza y saber quién lo donó y a qué institución benéfica irá, con más facilidad. En ese sentido, sí soy pionera. También lo soy en la formación del primer grupo de revendedores, llamado PARTS (Panama Association of Resellers An Thrift Stores); de momento somos siete tiendas, no todas dedicadas a caridad, como Promises.

Hace cinco años te diagnosticaron cáncer de seno, ¿qué pasó con Promises durante ese periodo?
Cuando me diagnosticaron cáncer todo cambió. El cáncer es un mundo en sí mismo y te obliga a estar metido en él. Pero igual, seguí trabajando. Me puse mi peluca, hablé en la radio y en todas partes sobre Promises y sobre mi situación. En ese tiempo la gente fue mucho más solidaria; recibíamos bolsas enormes con ropa. Claro, algunas no estaban en buen estado, así que en esa época nos tocó establecer un protocolo de donaciones. Gracias a eso, ahora en la tienda funcionamos eficientemente… como un reloj.

Y en lo personal, ¿qué experiencia te dejó padecer esa enfermedad? 
El cáncer toca a una de cada ocho mujeres, pero en vez de preguntarme “¿por qué yo?”, elegí preguntar me “¿y por qué no?”. Cuando entré a ese mundo, encontré a más gente con deseos de ayudar a otros. Mira este grupo que tengo en mi WhatsApp... nos hacemos llamar las Guerreras Vencedoras, todas somos sobrevivientes de cáncer y nos reunimos una vez al mes. A veces vamos a hablar con las mujeres del Instituto Oncológico o hacemos otras actividades similares. Creo en Dios y sé que las cosas pasan por una razón, y que siempre algo bueno puede salir de las circunstancias malas. 

Conoce más de su trabajo aquí

 

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