Personalidades

Silvia Estarás: “Visitar museos debe ser tan importante como ir al mall”

Autor: Annette Hinestroza

Frágil y delicada, pero solo en apariencia… sobre sus hombros reposa la responsabilidad de dirigir el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, uno de los mayores tesoros culturales del país

Fotografía por: Sergio Madrid

“¿Panamá? Perfecto, iré…” respondió, dudando aún sobre su decisión de cruzar el Atlántico para estudiar una beca en un país del que poco conocía. En España, su padre se encargó de instruirla en lo básico sobre el país centroamericano: el Canal Interoceánico y Roberto “Manos de Piedra” Durán. Sin mayores referencias, Silvia Estarás hizo las maletas y pisó suelo panameño hace más de 10 años.

“El país me atrapó, pero también me atrapó el amor”. Se enamoró de un panameño, con quien mantuvo una relación que duró algunos años; cuando el vínculo se rompió, Silvia ya había encontrado otra maravillosa razón para permanecer en el istmo: el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

“Fue el primer museo que visité cuando llegué en 2005. Conocí a María Fábrega, quien era la directora e hicimos clic. Me gustó el lugar y trabajamos en algunas exhibiciones y siempre tuve esa cosita… ese deseo de integrarme”, recuerda Silvia; quien hace unos años se convirtió en la directora del MAC y tiene en sus manos la tarea de dinamizar a este recinto, considerado la casa de los artistas panameños desde 1983.

Formada en Historia del Arte y con varios diplomados en Gestión Cultural, a Silvia no le faltan méritos para llevar a cabo esta tarea y se entrega a ella con pasión. Sin embargo, en la última década, en tres ocasiones, Silvia Estarás ha tratado dejar Panamá y regresar a España, el país que la vio nacer. Lo intentó cuando terminó la beca que la trajo al istmo, pero se animó a quedarse un poco más; luego consiguió irse por dos años, pero regresó, animada por el creciente panorama cultural panameño. Cuando su relación de pareja terminó, pensó que se despediría para siempre del país… pero no pudo. “Las cosas no funcionaron como yo esperaba, pero siempre tuve la cosita de no marcharme sin haber cerrado un ciclo; no marcharme con dolor o desamor”, recuerda una Silvia, completamente adaptada al Trópico. “En este país me siento tan bien… quizás mi sitio en el mundo es Panamá”.

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